Edad Antigua

Hacia el siglo VII antes de Cristo, ya estaba habitado el término de esta villa.
Esto se sabe porque, en 1957, al realizarse una excavación en el paraje de El Soto, inmediato al pueblo, apareció un enterramiento en cista que contenía un esqueleto humano en cunclillas y un cuenco cerámico negruzco con decoración denominada de Boquique.
Todo ello de la Primera Edad del Hierro.
En la Segunda Edad del Hierro, ya en plena época celtibérica, continuará el problamiento de este término, dadas las inmejorables condiciones de hábitat rural que ofrece la campiña de este valle.
En la toponimia de este lugar figura el Pico de Uris (“Pico del Monte”), nombre de origen indoeuropeo y, por lo tanto, vinculado a lo vacceo-celtibérico.
Durante la dominación romana, existieron varias “villas” en este término municipal, algunas de ellas localizadas por los restos arqueológicos hallados en sus antiguos emplazamientos.
Las referidas “villas” romanas descubiertas son las siguientes:
En el paraje de Doña Sancha, sobre un pequeño montículo, fueron hallados, en 1958, restos cerámicos de “terra sigillata”.
Junto al Camino Real de Valladolid a Renedo, a unos mil cien metros al Sur del kilómetro 6 de la Carretera de Valladolid a tórtolas, fueron halladas algunas “tégulas” (tejas planas) romanas.
En la proximidad de Casasola, dentro del término de Renedo, pero, en su límite con el de Valladolid, fueron localizados dos “villas” romanas.
En el pago de Las Quintanas, apareció una necrópolis romana.
Además, en el cruce de la carretera de Villabáñez con el Camino de Valdemulo, así como en el Camino Real de Valladolid a Renedo, coincidiendo con el límite de ambos términos municipales, cerca de Casasola, existían supuestos miliarios romanos enepígrafos.
En el primer cuarto de siglo V, durante la invasión de los Bárbaros del Norte, serían arrasadas la mayor parte de las “villas” hispano romanas que existían en la campiña de Renedo.
Pero, recobrada la paz tras el triunfo de los visigodos sobre los demás pueblos bárbaros, algunas de dichas “villas” serían ocupadas por los vencedores, quienes, también fundarían, a su vez, algunos poblados.
Algunos historiadores opinan que Renedo de Esgueva fue patrimonio real visigodo en los antiguos Campos Góticos, cosa que creemos posible, aunque no existan documentos que lo prueben.
En el primer tercio del siglo VIII, los ejércitos árabe-beréberes invadieron los territorios situados al Norte del Río Duero.
Lo más probable, es que el término de Renedo también sufriría los efectos de dicha ocupación musulmana, dada su proximidad a la Campiña del Pisuerga, vía natural de penetración en la Meseta Norte de todos los pueblos invasores.
En el último tercio del siglo IX, las huestes cristianas del Rey Don Alfonso III “El Magno” reconquistaron todas las comarcas castellanas y leonesas situadas al Norte del Duero, incluida la del Cerrato, que comprendía también el término de esta villa de Renedo de Esgueva.
A principios del siglo X, esta villa sería fortificada y repoblada, construyéndose una fortaleza en el cotarro de el Castillo, donde, muy posteriormente, ya en la Edad Moderna, fueron excavadas las actuales bodegas subterráneas.
En esta época altomedieval, en la vega de Renedo de Esgueva habría bastantes terrenos pantanosos, con abundancia de charcos y cenagales, causados por los desbordamientos del río Esgueva y, además, por las filtraciones de los meandros de su cauce, que debió ser bastante tortuoso en otro tiempo, por discurrir dicho río por terrenos de aluvión.
Por esta circunstancia se denominaba esta villa “Renedo” que significaba “Lugar de las Ranas”.
Además del citado castillo, es muy probable que el casco altomedieval de esta villa estuviera circundado por una fuerte muralla, que enlazaría con la repetida fortaleza.
En la Alta Edad Media, la plaza fuerte de Renedo de Esgueva, en unión de las demás fortalezas del Valle del Esgueva y la famosa y bien amurallada villa de “Valleolit” (Valladolid)- situada en la confluencia de los ríos Pisuerga y Esgueva- formaban una cadena defensiva de gran importancia militar en la retaguardia cristiana de la línea defensiva del Duero, frontera de moros y cristianos durante cierto período de la Reconquista.
En 1035, fue restaurada la antiquísima Diócesis de Palencia por el Rey Don Sancho “el Mayor”.
Entre las comarcas castellanas que, en lo eclesiástico, pertenecían a la Diócesis palentina, figuraba el Cerrato. Y, dentro de la comarca cerrateña, se encontraba Renedo de Esgueva.
En 1080, el Conde Don Pedro Ansúrez, Señor de la villa de Valladolid, fundó la Abadía vallisoletana y, en 1905, la Iglesia de Santa María la Mayor, de dicha Abadía.
Esta Abadía tenía su propia e independiente jurisdicción, aunque figuraba enclavada dentro del territorio de la Diócesis de Palencia y sus Abades eran convocados a los Sínodos Diocesanos palentinos.
En 1155, el Rey Don Alfonso VII “El Emperador” donó la villa de “Renedo” (Renedo de Esgueva) al Concejo de Valladolid.
En 1159, la infanta Doña Sancha- hermana de “El Emperador”- donó la Iglesia de San Cipriano, de Renedo, a la iglesia de Santa María la Mayor de la Abadía de Valladolid.
La mencionada Doña Santa poseyó heredades en Renedo de Esgueva, quedando testimonio el título de “Doña Sancha” que lleva el paraje de su término situado entre el río Esgueva y de la Carretera de Valladolid a Tórtoles.
En 11215, el Abad de Valladolid concedió las tercias del lugar de “Renedo” al Cabildo de Santa María la Mayor de aquella ciudad.
En el siglo XIII, el lugar de Renedo de Esgueva tenía el fuero de Valladolid.
En el siglo XIV, los pueblos cercanos a Renedo de Esgueva, tales como Castronuevo, Villarmentero, Villabáñez, Cabezón, Olmos de Esgueva, etc, seguían la tradición eclesiástica y continuaban perteneciendo al Arcedianato de Cerrato de la Diócesis palentina.